Este año trajo consigo importantes actualizaciones en torno a las prácticas educativas que realizan los estudiantes en las ESFM. El cambio más profundo se dio en el tercer año de formación: ahora, además de planificar y desarrollar clases, los normalistas deben identificar la problemática pedagógica que será el eje de su trabajo de titulación, una tarea que hasta hace poco correspondía al cuarto año.
Como suele suceder, la modificación llegó tarde para que los docentes ajustaran sus clases y contenidos. Frente a este reto inesperado, en Alma asumimos la responsabilidad de adaptar nuestras sesiones y materiales, con el objetivo de brindar a los estudiantes herramientas que les permitan enfrentar este nuevo desafío con seguridad y claridad.
Llegar al tercer año se ha convertido, desde ahora, en una de las etapas más desafiantes y enriquecedoras de la formación docente. Es el momento en el que los futuros maestros comienzan a comprender con mayor nitidez qué significa enseñar, transformar vidas desde el aula y mirar la escuela con ojos de investigador y corazón de educador.
Hoy, los normalistas no solo planifican y desarrollan clases: profundizan en la lectura crítica de la realidad educativa, utilizando instrumentos de investigación como encuestas, entrevistas o guías de observación. A partir de estos datos, deben identificar los problemas presentes en el contexto escolar, en el desempeño de los estudiantes o en la dinámica pedagógica. Una vez elegido el problema, su misión será diseñar propuestas de mejora que pondrán en práctica el próximo año de su formación.
El reto apenas ha comenzado, pero ya emergen preguntas poderosas desde sus experiencias en las aulas: ¿cómo apoyar a quienes tienen dificultades en la lectura?, ¿cómo motivar a los adolescentes?, ¿qué origina estos problemas?, ¿podemos interpelar a los maestros? Estas interrogantes, nacidas de la observación y la reflexión, son el primer paso hacia soluciones creativas e innovadoras.
En este marco, el acompañamiento que ofrecemos desde Alma busca que cada estudiante no solo aprenda a resolver un problema pedagógico, sino que también descubra cómo dejar una huella positiva en la vida de sus futuros alumnos. Además, impulsamos a que desarrollen una lectura crítica de la labor docente, una tarea difícil pero necesaria, que exige objetividad y valentía para mirar más allá de lo inmediato y pensar en los cambios que realmente necesita la educación.
Sabemos que este proceso no siempre se refleja en los documentos finales, pues las exigencias académicas y la estructura limitan muchas veces la riqueza del aprendizaje. Sin embargo, estamos convencidos de que aquí es donde debemos poner nuestro mayor esfuerzo. Porque cuando acompañamos a un maestro en formación, no solo fortalecemos su presente académico: sembramos en él la semilla de la transformación educativa que nuestro país necesita.
Por: Leydi Osorio Ramos

Estudiante Anahí Chura aplicando estrategias durante su IEPC-PEC
Especialidad: Educación Inicial en Familia Comunitaria
