Cuando María Noelia Rejas tuvo que elegir dónde realizar su práctica educativa, decidió salir de lo conocido. Como estudiante de tercer año de la especialidad de Transformación de Alimentos y Gastronomía, podía optar por un espacio directamente relacionado con su formación, pero pidió trabajar en el Centro de Educación Alternativa San Antonio, junto a estudiantes sordos. Quería vivir una experiencia diferente y descubrir cómo compartir sus conocimientos en un contexto nuevo y con bastantes retos.
Ella tenía algo que le permitiría acercarse a sus estudiantes desde el primer día. Noelia conocía la Lengua de Señas Boliviana (LSB). La había aprendido años atrás, mientras acompañaba a los Testigos de Jehová en actividades de evangelización con personas sordas. Lo que comenzó como una forma de comunicarse en otro espacio adquirió un nuevo sentido durante su práctica educativa y se convirtió en el punto de partida para construir una relación con sus estudiantes.
Al ingresar al aula y dirigirse a ellos en su propia lengua, percibió un cambio inmediato. Gael, Carmen, Rodrigo y Víctor comenzaron a mostrarse más abiertos y confiados. “Cuando entré al aula y empecé a hablarles en LSB, se abrieron y tomaron mucha confianza conmigo”, recuerda.
La experiencia llevó a María Noelia a reflexionar sobre la soledad que enfrentan muchas personas sordas. Mientras ellas hacen un esfuerzo constante por aprender el idioma de quienes las rodean, todavía son pocas las personas oyentes que se acercan a aprender su lengua. En el aula, comunicarse en LSB no fue solamente una manera de transmitir contenidos, fue una forma de reconocer a sus estudiantes y hacerles saber que podían expresarse y ser comprendidos.
Sobre esa confianza comenzó el trabajo pedagógico. Uno de los principales desafíos fue preparar a los estudiantes para participar en la Feria de Emprendimiento Inclusiva para Personas con Discapacidad del distrito de Cercado, en Tarija. La actividad les daría la oportunidad de mostrar lo que sabían hacer, pero también exigía encontrar formas de enseñanza adecuadas para las características y necesidades de cada uno.
Fue entonces cuando María Noelia puso en práctica estrategias pedagógicas que había aprendido en Alma. En lugar de enseñar de una sola manera, observó cómo aprendía cada estudiante y buscó recursos que les permitieran comprender los contenidos, recordar los pasos y participar activamente en las preparaciones.
Con Gael trabajó con la estrategia Conjuntos para facilitar el aprendizaje relacionado con la elaboración de yogur griego. Con Rodrigo y Víctor utilizó tarjetas de memoria. Para enseñar a Carmen la preparación de hamburguesas, elaboró maquetas y secuencias de imágenes que mostraban cada etapa del proceso.
Estas estrategias no fueron materiales complementarios ni actividades aisladas. Fueron el medio que permitió transformar un contenido técnico en una experiencia accesible para cada estudiante. El día de la feria, ese trabajo se hizo visible. Gael obtuvo el primer lugar y Carmen, el segundo. Para Noelia, sin embargo, lo más importante no fueron los premios, sino ver la alegría con la que ambos recibieron el reconocimiento a su esfuerzo “Más que los premios, fue muy conmovedor ver sus logros y verlos tan felices”, cuenta.
La práctica también dio lugar a un aporte que podría permanecer en el CEA San Antonio. Noelia identificó que algunas máquinas y equipos de cocina todavía no tenían una seña establecida en LSB. Por eso trabajó junto con sus estudiantes en la creación de señas para nombrarlos. No fue una traducción realizada únicamente por ella, los propios estudiantes participaron en la definición de cada seña y aportaron desde su experiencia y conocimiento de la lengua. De esta manera, no solo aprendieron contenidos de gastronomía, también contribuyeron a construir recursos que podrían facilitar el aprendizaje de otras personas sordas.
Al concluir su práctica, María Noelia se llevó una comprensión más amplia de lo que significa enseñar. Aprendió que la educación también comienza cuando una maestra encuentra la manera de acercarse al mundo de sus estudiantes, reconoce sus capacidades y crea las condiciones para que puedan demostrarlas. Su paso por el CEA San Antonio duró apenas unas semanas, pero dejó algo que trasciende el aula: estudiantes que se sintieron comprendidos y capaces, nuevas herramientas para seguir aprendiendo y una futura maestra que pudo convertir lo aprendido en Alma en oportunidades concretas para sus estudiantes.
Por: Leydi Osorio Ramos
Coordinadora Tarija

Participación en la Feria de Emprendimiento Inclusiva para Personas con Discapacidad

Presentación de la traducción a LSB de nombres de máquinas y equipos de cocina al CEA San Antonio
